Puertodragon

Un poquito de Sci-Fi, que ya la hechaba de menos...
Puertodragon

¡Los viking zombies mutantes de Marte!

Sin palabras. Un beso (en la boca) para estos tres.
¡Los viking zombies mutantes de Marte!

Carne!

Wacom Bamboo, Adobe Photoshop CS4 y un rato largo acompañado de Vetusta Morla
Carne!

Explosion Mental

Fotomanipulación algo vieja, pero que me gusta todavía. Photoshop, por supuesto, e imágenes de stock libre y propio
Carne!

Tio malo

Ilustración de sábado por la tarde.
Tio malo

299 - Empieza el segundo capítulo de El Fin

¡Por fin! ¡Al fin! ¡El Fin!
El segundo capítulo empieza a publicarse ya mismo en el blog del relato, que teneis enlazado en el menú a la derecha. Espero que te agrade, y voy a ir metiendo mas ilustraciones que de costumbre, a ver si así... en fin... El Fin...
taluego!

298 - Dia 255 después de El Fin

Hola gente! Los que sigais mi relato (El Fin) sabreis que todavía no ha empezado la acción a escala mundial por así decirlo. Lo que hoy os muestro es una especie de Flashforward que tiene lugar 9 meses después de lo que ocurre en el capítulo primero del relato. Simplemente quería escribir un relato corto, y relacionarlo de alguna manera con el proyecto largo, así que he utilizado la situación y algunos personajes de El Fin, pero contandolo desde otro punto de vista.
Así que, por una parte aquí teneis algo de acción para los lectores ansiosos, y por otra parte, conocereis algo del futuro del relato.



Día 255 después de El Fin



Cuando llegamos a la gasolinera debían ser las cuatro de la tarde. Caía un buen sol sobre nuestras cabezas cubiertas con gorras mugrientas y sonaba Beethoven en el Hummer. Miguel detuvo el coche a unos cien metros de la gasolinera, no nos gustaba armar mucho jaleo cuando llegábamos a un sitio nuevo. Bajamos de la enorme ranchera, el conductor y yo abriendo la puerta, y los otros cinco saltando de la parte descubierta. No teníamos casi munición para invertir en aquella pequeña misión, no nos habían dejado coger más de la necesaria, apenas un par de recámaras para cada pistola y doce o quince cartuchos de la recortada de Elsa.

No se oía nada excepto el pequeño hervor que queda cuando se apagó el motor del coche. La carretera estaba desierta salvo cuatro coches que podían verse dejados en la carretera. No tenían cristales, y uno de ellos ni siquiera las ruedas.

El viento ofrecía una musiquilla agradable cuando pasaba entre los árboles que estaban detrás de la gasolinera, el linde del bosque, y movía las hojas creando formas caleidoscópicas casi hipnóticas.

-Vamos, chicos. -Elsa cargó la recortada y se dirigió a la puerta principal.- Ana y Marcos vigilad aquí afuera. Sebas y Sergio a los baños. Miguel y Carlos, conmigo dentro.

Sin hablar, cada uno siguió su camino. Trabajábamos bien juntos, los siete de siempre. No éramos soldados expertos, ni siquiera aficionados entrenados, además había demasiada carga emocional entre nosotros como para cumplir las misiones de forma fría y directa. Y precisamente por eso éramos los mejores.

La puerta de cristal estaba destrozada, hecha literalmente añicos sobre la alfombra grisácea de la entrada. Oímos un golpe. Casi instintivamente, abrimos las mochilas y fuimos metiendo todo lo que pudiera ser de provecho. Chocolatinas, papas, revistas, chicles, condones y papel de fumar eran los favoritos, por ese orden.

Me dirigí al mostrador a revisar la caja registradora cuando me encontré cara a cara con el niño. No tenía más de ocho años y estaba acojonado. Vestía unos vaqueros rotos y una sudadera roja con capucha, que le cubría la cabeza.

-¡Ostia que susto! -instintivamente apunté la pistola hacia el chaval, incluso viendo el brillo humano de sus ojos, había sido un movimiento reflejo. -Levanta, ¿que haces aquí?

Elsa y Miguel se giraron hacia mí, exaltados como yo, y sorprendidos al ver la cabeza enfundada en rojo del chaval asomando por el mostrador.

-¿No quieres decirme cómo te llamas? -Me acuclillé para ponerme a su altura y darle confianza. Le tendí la mano -Ven, no tengas miedo. Nos has asustado con los ruidos.

El niño negó con la cabeza. Parecía en shock, no hablaba, tan solo miraba mi mano y poco a poco se acercó y la apretó con tanta fuerza que parecía que fuera a rompérmela.

-¿Donde están tus papás?

Casi involuntariamente, la mano del chico se dirigió a la puerta del despacho tras el mostrador. Los tres adultos nos miramos con sorpresa, Elsa levanto la escopeta y apuntó a la puerta.

-¡Apártate de ahí y coge al crio! Miguel, avisa a los demás.

Cuando estuvimos todos en la tienda y tras hablar unos minutos, decidimos sacar al niño de la tienda y abrir esa puerta. Cómo no soltaba mi mano, fui yo el que salió con él. Le hice algunas muecas raras para intentar animarle, sacarle una sonrisa. No reaccionaba, y yo no quería que escuchara los disparos de dentro. Se me ocurrió algo:

-¿Alguna vez te has oído el cerebro? -Tal tontería hizo que el chaval me mirara a los ojos, casi preguntándome como era posible eso. -Mira, se hace así. -Solté lentamente su mano y me puse ambas en las orejas, luego empecé a hacer ruiditos con la boca.

El chaval me imitó.

-¡No se oye nada!

-¡Hombre! ¡Pero si hablas! es que tienes que apretar mas.

No podía evitar lanzar miradas al interior de la tienda, pidiendo un segundo más para evitar que el niño escuchara como sus padres morían inevitablemente. El niño repitió el experimento, y esta vez yo sujeté sus manos y las apreté con más fuerza contra su cabeza. Sonó un disparo, y después otro. Miré al interior y vi que todos se dirigían a la salida.

-¿Ves? ¿A que lo has oído? -El chaval se quedó como diciendo "si tu lo dices...". -¿Bueno qué? ¿Nos vamos? -pregunté a los demás.

-Me parece que no -dijo Ana señalando al Hummer.

Dos de los gules ( zombis que los llamaba Kira ) intentaban entrar por las ventanillas bajadas. Uno de ellos tenía una pierna destrozada, mostrando parte del hueso, y el otro solo tenía un brazo, que intentaba agarrarse a algo en el interior del vehículo.

-Joder, allí hay mas -Elsa señaló al otro lado de la carretera, donde a unos doscientos metros, varios de ellos corrían hacia nuestra posición. -Puto Beethoven, ¡te dije que no pusieras esa mierda! ¡Con Aerosmith nunca nos siguen!

La broma de Elsa, que siempre era seria, nos dio el empujón necesario para ponernos en acción. Entramos a la tienda y empotramos los pequeños estantes vacíos contra el ventanal de la entrada. Revisamos los cargadores y algunos repusieron las balas usadas, y nos dispusimos de forma que cubriéramos las posibles entradas.

Los dos primeros gules se acercaron a la puerta, y Miguel los derribó con sendos disparos directos a su frente. Otros dos llegaron a poner las manos en el interior de la tienda, justo a tiempo para recibir varios disparos en su pecho y cráneo. Yo todavía no había disparado, y me sentía casi avergonzado. El tiempo había conseguido que convirtiéramos ciertas tareas en un juego. Era eso, o la desesperación.

-¿Ya está? Faltan al menos tres mas...

Sonaron tres disparos que salieron de mi pistola.

-Ya está. Y he hecho tres dianas perfectas.

Respiramos, Marcos rió y apartó el pelo de la cara a Ana, que respiraba agitada. Algunas risas, unas palmaditas en la espalda, y la mirada de Elsa, simpática, pero imponiendo su idea de irnos.

Cuando fuimos a salir, nos quedamos boquiabiertos. Decenas de gules se dirigían a toda velocidad hacia nuestra posición. A la izquierda, algunos de ellos aparecían entre los árboles del bosque y corrían también a nuestro encuentro.

-¡La puta, la puta! ¡Cargad!

Las armas sonaron con la recarga. Elsa revisaba sus dos cartuchos, todavía intactos.

-¿Ahora qué?

Un silencio ilógico precedió a la estampida de bocas, dientes y manos sangrientas que se amontonaban a la entrada del recinto. Teníamos una pequeña estrategia, que consistía en no disparar todos al mismo tiempo y dejar al menos dos armas llenas para cuando el resto tuvieran que recargar. Como yo cogía la mano del niño, no había disparado por el momento.

-¡Cargando!

La voz de Marcos me dio permiso para empezar a disparar. Tuve que soltar la mano del chaval, que se zambulló entre los escombros y desapareció de mi vista. No pude hacer nada, ya que un señor con medio cráneo al descubierto intentaba alcanzar a Ana y tuve que dispararle.

-¡Eeeeeh! ¡Chaval! ¿Dónde vas? - el resto se sobresaltó, más de la cuenta.

-¿El niño? ¿Se ha ido? -dijo Elsa.

-Sí, no sé donde está.

-¡Dispara! ¡Disparaaa!

Tuve que seguir con el concierto de disparos. Los zombis entraban mas fácilmente, los cadáveres en la parte exterior constituían una rampa que facilitaba su acceso y no cesaban en su embestida.

Pude ver al crío como se subía al mostrador y se acercaba peligrosamente a la parte exterior de la tienda. Corrí hacia él para cogerlo, pero fue un brazo asqueroso el que me cogió a mí, sanguinolento, maloliente y fuerte. El brazo venía acompañado de un chico no muy mayor, de unos veinticinco, despeinado y con los ojos inyectados en sangre y desprovistos de ese brillo que vi en los del niño cuando le encontré. Caí de espaldas, y él sobre mí. Empecé a gritar y forcejear y de pronto, la cabeza del tipo reventó salpicándome de sangre medio coagulada.

Me levanté asqueado y limpiándome la cara. "Gracias" musité, me miraron todos, como sin saber muy bien de qué hablaba. Entonces pude ver como la explotaba la cabeza de otro de los gules que entraba a la tienda. Y luego otra cabeza voló. Todos mirábamos asombrados, era evidente que no éramos nosotros los que disparábamos, y no se oía ningún disparo externo tampoco.

El niño.

El niño miraba fijamente a cada una de esas cosas justo antes de que sus cabezas reventaran transformándose en una especie de gazpacho andaluz algo denso. Nos quedamos todos como quien ve llover ranas.

Cuando no quedó ninguno en pié, nos dirigimos casi temerosos hacia el niño.

-¿Qué has hecho, chaval? -tendí la mano para coger la del pequeño.

-En la tele dijeron...-empezó a llorar- ¿He hecho mal? -el niño me miraba, exactamente como si hubiera roto la tele intentando enchufar la Play Station al euro conector de la parte de atrás.

-¡No! ¡Claro que no! Lo has hecho muy bien...

Miré al resto, que recargaban sus armas y empezaban a salir. La última en ponerse en camino fue Elsa, que me hizo un gesto con los ojos.

-Oye, tus papas a lo mejor están en otro sitio. -El niño miró hacia la puerta del despacho. - Mis amigos han mirado, y ahí no hay nadie. Oye mira, ¿quieres venirte con nosotros y buscamos a tus papas?

297 - Robotico

Algo tenía que hacer mientras escuchaba la radio ¿no?

Photoshop y alrededor de una hora.

296 - Speedpainting 4 (otro mas)

Bueno, ya no sé que mas contar sobre esto... eso, que me llevo unos dias de speedpaintings a punta pala. Este, con colorcillo.

Photoshop y 30 minutos.

295 - Speedpainting 3

Nada, que esta semana me ha dado por ahí, todo culpa de Gnomon Workshop... en fin. Otro speed de este mediodía. Éste me ha gustado mas que los anteriores, y eso que le he dedicado el mismo tiempo, pero he empezado a usar pinceles diferentes, y a personalizar algunos. Vamos allá.

Wacom Bamboo, Adobe Photoshop CS4 y 20 minutos.

294 - Speedpainting 2

Otra tontería rapidita en el intermedio de Buenafuente...

Photoshop, 15 minutos.

293 - Speedpainting 1

Voy a empezar a enumerar los speedpaintings que haga, porque ir poniendoles nombre, pues como que me deja sin ideas para las cosas mas interesantes.

 Bamboo, Photoshop, 20 minutos.

292 - Puertodragon

Es una mezcla de matte painting y tontería de después de comer. Basado en una fotografía de stock libre, y un rato de aburrimiento.

Adobe Photoshop CS4, Wacom Bamboo y 45 minutos.

291 - Los Viking Zombies mutantes de Marte!

Una burrada que se me ha ocurrido hacer esta tarde para no aburrirme. La foto ya era buena, pues mejor para mi...

La foto mia, el retoque con Photoshop, los créditos, del Left4Dead, y la música, Héroes del Silencio.

290 - Mosquito

Como ya llega el verano y estos pequeños vampiros se ceban con mis muslos y espalda, he decidido darles un pequeño homenaje. Ala, ¡bichos asquerosos!

Adobe Photoshop CS4 - 60 min.

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El Fin

Relato de ciencia-ficción y terror, ¡con zombis!

Portfolio 2008

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